miércoles, 23 de septiembre de 2026

Tras el incidente con Anthropic, OpenAI quiere evitar el control de Washington haciéndolo accionista.

Sam Altman considera que 5% de participación es un trato justo para evitar el escrutinio gubernamental.

El movimiento hace dos semanas del gobierno de Estados Unidos contra Anthropic y sus modelos Mythos 5 y Fable 5 ha obligado a los gigantes de la IA a repensar sus estrategias a largo plazo.

Es evidente que a Sam Altman no le gustó la solución de Washington: ceder autonomía y soberanía de desarrollo y permitir que un gobierno tenga la palabra final en desarrollo, funcionalidades, ventanas de lanzamiento, y mercados permitidos para sus nuevos productos está fuera de la mesa, incluso si es su propio gobierno.

Y por ello, aunque parecía que las aguas volvían a su cauce tras la restauración global de los modelos más avanzados de Anthropic, Open AI hizo una jugada que aún está generando lecturas: De acuerdo con varios informes de medios como The Financial Times, está negociando algo que hace dos años habría sonado a ciencia ficción para las tecnológicas: ceder al gobierno de Estados Unidos una participación accionaria del 5% en OpenAI.

Según reportó el medio británico la noche del jueves —citando a dos fuentes con conocimiento directo de las conversaciones—, la propuesta está en fase preliminar y conceptual, pero ya involucró conversaciones directas de Altman con el presidente Donald Trump, el secretario de Comercio Howard Lutnick y el secretario del Tesoro Scott Bessent.

Con la valuación de OpenAI en 852,000 millones de dólares (tras su ronda de marzo), ese 5% equivaldría a unos 42,600 millones de dólares. Pero el proyecto contempla una escala mayor: Sam Altman propone que otros gigantes de IA —Anthropic, Google y Meta— cedan participaciones similares, todas canalizadas hacia un vehículo de inversión inspirado en el Fondo Permanente de Alaska, el fondo soberano que desde 1976 reparte dividendos anuales a los residentes del estado con los ingresos petroleros excedentes.

Ninguna de esas otras compañías ha confirmado que participaría de la propuesta.

Más ganancias, menos controles

O al menos ese es el argumento detrás de la propuesta. La justificación pública de OpenAI es que dar al público estadounidense una participación financiera directa en las empresas de IA es la forma correcta de compartir el auge económico del sector, en un momento donde crece el temor a que la automatización destruya empleos masivamente.

No es una idea nueva para la compañía: en abril, OpenAI publicó un documento titulado «Industrial Policy for the Intelligence Age», donde ya proponía la creación de un «Fondo de Riqueza Pública» que diera a los ciudadanos una participación automática en empresas e infraestructura de IA —incluso sin invertir directamente en mercados financieros—, además de semanas laborales de cuatro días, aumentos al impuesto corporativo para compensar la caída en recaudación por ingresos, y gravámenes a empresas que sustituyan trabajadores humanos por IA.

El presidente Trump, por su parte, ya había planteado la idea en público el mes pasado, calificándola de «algo hermoso» que convertiría a los estadounidenses en «socios de esta revolución». Hay precedente concreto: el año pasado, el gobierno estadounidense adquirió una participación del 10% en Intel, entonces en dificultades. Y hay una versión mucho más radical circulando en el Congreso: el senador Bernie Sanders —con quien Altman también ha conversado— propuso el mes pasado que el gobierno tome una participación del 50% en todas las grandes empresas de IA a través de un fondo soberano.

Es decir: lo que OpenAI ofrece no es la posición más agresiva sobre la mesa. Es, probablemente, un intento de fijar los términos antes de que alguien más —el Congreso, Sanders, un futuro escándalo regulatorio— los fije por ellos.

Geopolítica como modelo de negocio

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