miércoles, 23 de septiembre de 2026

Un “infierno distópico” así definen Open AI y Anthropic el futuro si no se regulan los modelos chinos.

Open AI y Anthropic han acudido a Washington a solicitar un freno a los modelos de IA Chinos y han expuesto preocupaciones sobre seguridad y espionaje. El gobierno de Trump sospecha que la preocupación está en sus carteras.

El 17 de julio, una empresa china que la mayoría de los ejecutivos de Silicon Valley no había escuchado nombrar hace un año lanzó un modelo de lenguaje. En cuestión de horas, el Nasdaq tuvo una jornada de ventas masivas y el S&P 500 cerró en rojo.

No fue una filtración de datos, ni una demanda, ni un escándalo. Fue, simplemente, que Kimi K3 —el modelo de Moonshot AI, de código abierto— resultó ser tan bueno como los productos insignia de OpenAI y Anthropic, y considerablemente más barato. Días después, Alibaba metió más presión con Qwen 3.8 Max.

Y en menos de una semana, lo que empezó como una nota de mercado se convirtió en la pelea más pública y más incómoda que OpenAI y Anthropic han dado en meses: una donde sus propios ejecutivos terminaron acusados, por un asesor de la Casa Blanca, de intentar manipular al gobierno para eliminar a su competencia.

Un posteo en X que advertía de «infierno distópico» por el «comunismo de IA»

Dean Ball, jefe de futuros estratégicos de OpenAI, llevaba apenas dos semanas en el puesto cuando publicó en X el mensaje que definió la semana. Advirtió que un mundo dominado por modelos de código abierto terminaría en «comunismo de IA total»: en sus palabras, un escenario donde la inteligencia artificial deja de ser un producto de mercado y se convierte en un «bien público» que el Estado —específicamente el chino— provee como infraestructura digital.

Calificó ese futuro de «infierno distópico» y predijo que la administración Trump generaría suficiente «riesgo regulatorio» alrededor de los modelos chinos como para disuadir a las grandes tecnológicas de usarlos.

https://twitter.com/deanwball/status/2078133895766114412

Antes de que el tuit terminara de circular, Ball tuvo que aclarar que no estaba pidiendo esa intervención, solo prediciéndola. OpenAI, por su parte, salió a decir que sus comentarios no representan la posición oficial de la empresa.

Pero el daño reputacional ya estaba hecho, y no por el contenido del argumento, sino por quién lo dijo: un ejecutivo de OpenAI, con dos semanas en el cargo, advirtiendo contra la tecnología que amenaza directamente el negocio de su empleador.

Pero hay voces de autoridad que sí lo toman en serio

A diferencia de Ball, Dario Amodei, CEO de Anthropic, no improvisó esta postura. La viene sosteniendo desde 2023, cuando testificó ante el Senado sobre los riesgos de liberar modelos de frontera sin control centralizado.

En junio, en una entrevista con Bloomberg, lo llevó a terreno concreto: modelos de código abierto con capacidades avanzadas de ciberseguridad, descargables gratis por cualquiera, representan «una preocupación seria». El argumento técnico de fondo es que una empresa que controla su propio modelo puede revocar accesos, corregir comportamientos peligrosos y responder ante un mal uso — algo que se vuelve imposible una vez que el modelo está afuera, en manos de quien sea, sin supervisión.

Es un argumento más difícil de descartar que el de Ball, precisamente porque no depende de una coyuntura de mercado. Pero comparte con el de Ball un problema de credibilidad idéntico: lo dice el CEO de la empresa que más tiene que perder si los modelos abiertos ganan la carrera por el precio.

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Washington piensa que es un tema de mercado, no de seguridad.

La reacción más dura no vino de China. Vino de dentro de la propia administración Trump. David Sacks, asesor de IA de la Casa Blanca, respondió en X que leía el mensaje de Ball como «una confesión de estrategia de captura regulatoria» y advirtió: «la militarización de la incertidumbre regulatoria como herramienta competitiva debería ser completamente inaceptable.»

https://twitter.com/DavidSacks/status/2078826291638522127

Su argumento es directo: OpenAI y Anthropic ya forman un duopolio en ingresos por modelos de IA, y lo que buscan —según Sacks— es que el gobierno elimine por decreto a su competencia de código abierto, en lugar de competir con ella en el mercado.

El subsecretario de Defensa, Emil Michael, fue más lejos todavía y llamó a Ball el «idiota supremo de la industria de IA» en un post público. Que un funcionario de ese rango use ese lenguaje contra un ejecutivo de OpenAI —y no contra China— es, en sí mismo, la señal más clara de que el discurso de «riesgo de seguridad nacional» no está siendo recibido como tal dentro del propio gobierno.

https://twitter.com/USWREMichael/status/2078924719538262107

Detrás de la discusión en público hay una discusión real y sin resolver. Funcionarios de seguridad de la administración Trump han evaluado, sin ejecutar, varias medidas: añadir a las firmas chinas de IA de código abierto a la Entity List (la lista negra de comercio que restringe el acceso a tecnología estadounidense), emitir alertas formales de seguridad, o firmar una orden ejecutiva dirigida específicamente a modelos abiertos.

Ninguna se ha concretado por desacuerdos internos. Mientras tanto, un funcionario de la Casa Blanca le confirmó al Wall Street Journal que la administración sigue comprometida con «promover el ecosistema open-source estadounidense y fortalecer su seguridad» — una postura lo suficientemente ambigua como para no cerrarle la puerta a nadie, ni a OpenAI y Anthropic, ni a los laboratorios estadounidenses que también están apostando por modelos abiertos, como Thinking Machines Lab de Mira Murati o Reflection AI, esta última con vínculos cercanos a la propia administración.

Regulación comercial para contener a los modelos chinos

Pero el que la administración Trump vea en el reclamo de sus grandes compañías de Ia un tema de competencia más que de seguridad y no haya acuerdos en torno al lugar que tendrán los desarrollos chinos en la economía de estados Unidos, no quiere decir que no se estén tomando acciones para regular su operación.

En una entrevista con Fox Business, el secretario del Tesoro, Scott Bessent declaró que la administración podría sancionar a laboratorios chinos si se confirma que «destilaron» sus modelos — es decir, que los entrenaron usando las respuestas de modelos estadounidenses sin autorización. Su frase fue tajante: «Estamos encontrando marcas de agua de nuestros modelos de lenguaje grandes de Estados Unidos en muchos de los modelos chinos, y eso es inaceptable.»

Esto no es una acusación abstracta. Anthropic ya había denunciado antes una campaña de destilación masiva contra Claude, vinculada a operadores relacionados con Alibaba: más de 28.8 millones de interacciones generadas a través de 25,000 cuentas fraudulentas entre el 22 de abril y el 5 de junio.

Es la primera vez que el argumento de «seguridad nacional» se conecta con una evidencia técnica específica y verificable, en lugar de una advertencia general sobre el futuro de la IA — lo cual le da a OpenAI y Anthropic un terreno más sólido del que Ball les había dado con su tuit.

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