El primer examen de admisión 100% en línea de la UNAM disparó los puntajes de corte como nunca antes, hasta 105 aciertos en carreras que antes pedían 90, mientras un sistema de monitoreo por inteligencia artificial vigilaba a los aspirantes y canceló el proceso a 2% de ellos por «irregularidades».
La inteligencia artificial acaba de entrar por la puerta de atrás de una institución pública, una de las más importantes de América Latina, sin debate, sin consulta, y de repente somos todos beta testers de un sistema que decide el futuro de 158 mil aspirantes.
Por primera vez en su historia, la UNAM aplicó el examen de admisión a licenciatura completamente en línea, con monitoreo por IA. El resultado, según el Colegio Nacional de Matemáticas (Conamat), la empresa que más aspirantes prepara para este examen en México: “los cortes de ingreso subieron como nunca».
Carreras que hace un par de años pedían 90 aciertos hoy exigen más de 105. Medicina en CU, la más competida de toda la universidad, cerró en 117 aciertos para 176 lugares, con más de 16 mil aspirantes peleándose.
¿Y por qué subieron tanto los aciertos? La propia UNAM canceló el proceso de admisión de alrededor del 2% de los sustentantes por presuntas irregularidades detectadas durante el examen en línea. Eso son miles de jóvenes que quedaron fuera porque un sistema de monitoreo interpretó como comportamiento sospechoso.
Y ahí están los números que lo comprueban. Derecho pasó de pedir 86 aciertos en 2024 a 105 en 2026; un salto de 19 puntos en solo dos años, la mayor variación de toda la tabla. Administración subió de 90 a 108. Arquitectura, de 95 a 108. Ingeniería en Computación, de 100 a 109. Psicología, que ya venía exigiendo mucho, llegó a 112. Y Médico Cirujano, la carrera más competida de la UNAM, subió de 112 a 117 aciertos.
Lo que salta a la vista no es solo que subieron los cortes: es que subieron todos, en las seis carreras que Conamat analizó, y el salto más grande ocurrió justo entre 2025 y 2026 — el año del examen 100% en línea. Derecho y Arquitectura, por ejemplo, se mantuvieron casi congeladas de 2024 a 2025 (86→89 y 95→96) y luego brincaron de golpe 16 y 12 puntos respectivamente en un solo año.
Ese patrón: estabilidad, estabilidad, salto, es lo que hace sospechar que no se trata nada más de «más competencia»: coincide con el cambio de modalidad y con la entrada de la IA.
En redes ya circula la lectura optimista: «los puntajes subieron porque ya no hay trampa, el examen presencial tenía huecos que ahora se taparon». Puede ser. Pero también puede ser exactamente lo contrario: que un sistema de vigilancia algorítmica, entrenado quién sabe con qué criterios y quién sabe por quién, esté penalizando comportamientos normales, una mirada hacia otro lado, un nervio, una conexión que se cae dos segundos en una casa sin banda ancha estable, como si fueran fraude.
Esto no es un tema menor para México. Sabemos, porque lo hemos cubierto una y otra vez, que los sistemas de proctoring con IA (el monitoreo automatizado de exámenes) tienen un historial documentado de sesgos: detectan «movimiento sospechoso» con más frecuencia en personas racializadas, en mujeres con hiyab, en estudiantes con discapacidad, en quienes no tienen un cuarto silencioso y bien iluminado para presentar un examen de tres horas.
Es la misma maquiladora digital de siempre, nada más que ahora el producto que se procesa no es un dato de call center: es el acceso a la educación pública.
El rector Leonardo Lomelí ya ordenó investigar el proceso de aplicación.
Hay una marcha convocada para el próximo lunes que llegará hasta la Torre de Rectoría exigiendo que se regrese al examen presencial. Y mientras tanto, Conamat, que vive de vender cursos de preparación de cuatro a once mil pesos, publicó un blog explicando que hay que «prepararse con más margen» porque «2026 lo dejó claro: entrar exige más que nunca». Es decir, el mismo sistema que generó la incertidumbre también vende la solución a la incertidumbre. Ese modelo de negocio no es nuevo, pero con IA de por medio pega distinto.
Lo que a mí me preocupa, y creo que debería preocuparnos a todos, no es precisamente si el examen fue más difícil. Es que una universidad pública, la más grande de América Latina, la Universidad Nacional, adoptó un sistema de vigilancia automatizada para decidir el futuro de decenas de miles de jóvenes, sin que sepamos qué modelo usaron, quién lo auditó, ni qué pasa con los datos biométricos de un aspirante de 18 años que se grabó tres horas seguidas en su casa.
La IA sin miedo no es IA sin preguntas. Y aquí hay demasiadas sin responder. Seguiremos de cerca esta historia para conocer las respuestas.