La startup Lovable recaudó 400 millones de dólares en su más reciente ronda de inversión. Su apuesta es tan simple como ambiciosa: que una persona pueda convertir una idea en software aunque nunca haya escrito una línea de código.
Nico Wittenberg tuvo una idea hace 14 años. Quería construir una plataforma de viajes diferente, pero convertirla en un producto requería dinero, tiempo y, sobre todo, un equipo capaz de desarrollar el software. Sin millones de dólares de inversión ni conocimientos técnicos suficientes para hacerlo por su cuenta, la idea terminó guardada.
En 2026 decidió retomarla. Esta vez utilizó Lovable, una plataforma de inteligencia artificial que permite describir en lenguaje cotidiano el software que se quiere construir. El sistema interpreta las instrucciones y genera buena parte del código necesario. Wittenberg creó así AVARA, una plataforma que hoy opera en más de 100 países.
Historias como esa ayudan a explicar por qué los inversionistas están colocando miles de millones de dólares detrás de una idea que hasta hace muy poco habría parecido improbable: que crear software deje de ser una actividad exclusiva de quienes saben programar.
Esta semana, Lovable anunció una nueva ronda de inversión por 400 millones de dólares que elevó su valuación a 13,300 millones. La cifra resulta todavía más llamativa si se considera que la compañía se lanzó apenas en noviembre de 2024.
La idea multimillonaria
La plataforma de Lovable convierte instrucciones escritas en lenguaje natural en aplicaciones de software funcionales.
En lugar de comenzar con líneas de código, el usuario puede escribir algo como: “quiero una aplicación para que mis clientes agenden citas”, “necesito un sistema para controlar el inventario de mi tienda” o “quiero un sitio web para vender mis cursos”.
Lovable interpreta esas instrucciones, genera el código y permite modificar el resultado, publicarlo y conectarlo con otras herramientas.
Eso reduce considerablemente la barrera técnica para construir determinados tipos de software. Una persona puede crear prototipos, páginas web, aplicaciones y herramientas internas sin dominar un lenguaje de programación, aunque los proyectos más complejos todavía pueden requerir conocimientos técnicos, supervisión humana o desarrolladores capaces de revisar y ampliar lo que produce la IA.
La diferencia es importante: la inteligencia artificial no ha hecho innecesarios a los programadores, pero empieza a permitir que muchas personas lleguen mucho más lejos antes de necesitarlos.
Cuando hablar empieza a parecerse a programar
Durante décadas, crear software exigía principalmente una de dos cosas: saber programar o contar con los recursos necesarios para contratar a alguien que supiera hacerlo.
La inteligencia artificial empieza a modificar esa ecuación.
Herramientas como Lovable funcionan como una especie de traductor entre la intención de una persona y el lenguaje de las computadoras. El usuario explica el problema y la IA intenta convertir esa descripción en instrucciones que una máquina pueda ejecutar.
Este fenómeno tiene un nombre que se escucha cada vez más en la industria tecnológica: vibe coding.
La expresión fue acuñada por Andrej Karpathy y describe una nueva manera de desarrollar software en la que una persona utiliza instrucciones en lenguaje natural para pedir a una inteligencia artificial que genere y modifique código, en lugar de escribir directamente cada una de sus instrucciones.
La idea no significa que el conocimiento técnico haya dejado de importar. Significa que la puerta de entrada a la creación de software puede estar cambiando.
60 millones de proyectos en menos de dos años
Los números de Lovable ayudan a entender por qué los inversionistas están prestando atención.
Desde su lanzamiento en noviembre de 2024, sus usuarios han creado más de 60 millones de proyectos y las aplicaciones construidas en la plataforma reciben alrededor de 900 millones de visitas al mes. La compañía asegura además que está presente en casi dos terceras partes de las empresas que integran el Fortune 500 y que sus ingresos anuales se aproximan a los 600 millones de dólares. Su valuación, mientras tanto, se duplicó en apenas ocho meses.
Pero quizá el dato más interesante sea otro: según Lovable, alrededor del 80% de sus usuarios se describe como no técnico.
Eso cambia la dimensión de la historia. Si esas cifras se sostienen, Lovable no estaría compitiendo únicamente por convencer a desarrolladores de utilizar una herramienta más rápida. También intenta ampliar el número de personas capaces de participar directamente en la creación de software.
Una oportunidad especialmente interesante para América Latina
La nueva ronda fue liderada por Menlo Ventures y también contó con la participación de inversionistas con presencia en América Latina, entre ellos Kaszek Ventures y LTS Growth.
La conexión con la región resulta especialmente interesante porque herramientas de este tipo pueden reducir una de las barreras tradicionales para crear productos digitales: el costo y la disponibilidad de talento técnico.
Lovable destaca como ejemplo a Viver de IA, una empresa brasileña dedicada a la educación en inteligencia artificial. Su fundador, Rafael Milagre, utilizó la plataforma para desarrollar herramientas que abarcan desde su CRM hasta sistemas financieros sin depender de un equipo propio de ingenieros. La compañía cuenta hoy con 54 empleados y, de acuerdo con los datos citados por Lovable, está en camino de alcanzar 100 millones de reales brasileños en ingresos este año.
Es importante mantener una distinción: herramientas como Lovable reducen la barrera tecnológica, pero no eliminan automáticamente otras dificultades para emprender. Capital, conectividad, conocimiento del mercado y capacidad para convertir una idea en un negocio sostenible siguen siendo necesarios.
Lo que cambia es cuánto software puede construir una persona antes de necesitar una estructura tecnológica tradicional.
Lovable quiere ir más allá del código
Los planes de la compañía tampoco terminan en la creación de aplicaciones. Lovable quiere convertirse en una plataforma desde la cual una persona pueda construir y operar buena parte de la infraestructura digital de un negocio. La empresa trabaja en funciones relacionadas con pagos, herramientas de SEO e integraciones con servicios como Salesforce, Stripe y Google Workspace.
La idea es que, en el futuro, alguien pueda describir no solamente la aplicación que necesita, sino el negocio que quiere crear, y que la inteligencia artificial ayude a construir parte de la infraestructura tecnológica necesaria para ponerlo en marcha.
El siguiente paso es todavía más ambicioso: hacer que el sistema deje de esperar instrucciones para cada acción y pueda anticipar parte del trabajo necesario a partir del objetivo del usuario.
Todavía falta saber hasta dónde puede llegar esa promesa. Crear un prototipo no es lo mismo que desarrollar y mantener software complejo, seguro y capaz de atender a millones de usuarios. Las herramientas generativas también pueden producir errores, vulnerabilidades o código difícil de mantener, problemas que adquieren mayor importancia conforme crece un proyecto.
Pero algo sí está cambiando. Durante décadas, entre una buena idea y una aplicación funcional existía una barrera llamada programación. Lovable y otras plataformas de vibe coding intentan reducirla hasta convertirla en una conversación.
Los inversionistas acaban de apostar 400 millones de dólares a que pueden conseguirlo.