En algunos hospitales, una bacteria puede convertir una infección tratable en una carrera contra el tiempo. Acinetobacter baumannii sobrevive en superficies y equipos médicos, puede causar neumonía e infectar heridas, y algunas de sus cepas resisten casi todos los antibióticos disponibles. Cuando infecta a una persona que ya está enferma, los médicos pueden encontrarse con un problema difícil de resolver: conocen al responsable, pero cuentan con pocas opciones para detenerlo.
Encontrar un nuevo antibiótico contra esta bacteria ha sido especialmente complicado. Los investigadores del MIT y la Universidad McMaster recurrieron a la inteligencia artificial para ampliar la búsqueda. Comenzaron con trabajo de laboratorio: enfrentaron a A. baumannii con unas 7,500 moléculas y registraron cuáles frenaban su crecimiento. Después usaron esos resultados para entrenar un modelo capaz de reconocer características químicas asociadas con ese efecto. En lugar de probar a ciegas cada compuesto disponible, podían concentrar los siguientes experimentos en los que ofrecían mejores posibilidades.
El modelo examinó entonces 6,680 compuestos que no había visto antes y produjo una lista de candidatos en menos de dos horas. El equipo seleccionó 240 para comprobar sus predicciones en el laboratorio. Nueve mostraron actividad antibacteriana, pero uno llamó especialmente la atención. Era una molécula que se había explorado antes para otro uso médico y que ahora parecía capaz de frenar a esta bacteria. Los investigadores la bautizaron abaucin. La IA había señalado una posibilidad; los experimentos comenzaron a mostrar que valía la pena investigarla.
Abaucin tenía además una característica intrigante. En las pruebas actuó contra distintas cepas de A. baumannii, incluidas algunas resistentes obtenidas de pacientes, pero no mostró actividad contra varias otras bacterias examinadas. Esa selectividad podría resultar valiosa: muchos antibióticos afectan también a microorganismos beneficiosos para el cuerpo. Los experimentos sugieren que abaucin altera una tarea esencial para la bacteria, el transporte de proteínas hacia su envoltura. El equipo todavía estudia por qué ese mecanismo parece afectarla de forma tan específica.
El hallazgo superó otra prueba importante. Además de frenar el crecimiento bacteriano en el laboratorio, abaucin ayudó a controlar infecciones en heridas de ratones. Esa comprobación convierte a la molécula en un candidato experimental serio, aunque todavía queda un largo camino hasta un posible uso clínico. Los resultados publicados en 2023 no establecen que abaucin sea seguro ni que funcione como tratamiento en personas.
La historia de abaucin muestra una aplicación concreta de la IA en medicina: ayudar a encontrar, entre miles de moléculas, una que merecía atención experimental frente a un problema urgente. Los científicos hicieron las pruebas y verificaron el resultado; el modelo les ayudó a llegar al candidato. Por ahora, abaucin representa una posibilidad abierta. El avance comprobado es haber encontrado una nueva pista contra una bacteria que ha aprendido a escapar de muchos de los medicamentos existentes.