En un evento pensado para presumir su nueva plataforma para científicos, Claude Science, Anthropic soltó una noticia mucho más grande: va a desarrollar sus propios medicamentos, empezando por enfermedades que la industria tradicional considera poco rentables.
Anthropic acaba de organizar un evento para lanzar Claude Science, una plataforma de trabajo para investigadores que integra más de 60 bases de datos científicas —genómica, proteómica, biología estructural, química— en un solo lugar, con agentes capaces de coordinar tareas de investigación completas.
Novo Nordisk y el Allen Institute ya figuran como clientes tempranos.
Es un producto sólido, del tipo que uno esperaría de una empresa que lleva meses cortejando abiertamente a la industria.
Pero, la noticia la dio Eric Kauderer-Abrams, jefe de ciencias de la vida en Anthropic, tomó el micrófono y anunció que la empresa va a desarrollar fármacos propios. No herramientas para que otros los desarrollen: medicamentos con el nombre de Anthropic detrás.
El enfoque inicial, dijo, serán las enfermedades «desatendidas», muchas veces condiciones raras, causadas por un solo gen dañado, biológicamente bien entendidas pero comercialmente poco atractivas para una farmacéutica tradicional que necesita justificar el gasto de un ensayo clínico ante sus accionistas.
La justificación oficial se apoya en la estructura legal de la empresa: al ser una «public benefit company», Anthropic puede elegir en qué programas invertir según el beneficio potencial para el paciente, no según la rentabilidad esperada.
Jonah Cool, jefe de alianzas de ciencias de la vida en la empresa, lo resumió con una analogía que se quedó rondando en las coberturas del anuncio: así como no se puede construir una buena herramienta para programar sin escribir código de verdad, tampoco se puede construir buenas herramientas científicas sin hacer ciencia de verdad, en las trincheras, junto a los investigadores.
Suena razonable. El problema es todo lo que no se dijo.