La demanda de Apple contra OpenAI por presunto espionaje industrial —el robo de secretos que, según Cupertino, alimentó a Sweetpea, el teléfono con IA que prepara Sam Altman— acaba de tener su primer giro procesal. Y fue Apple quien lo provocó.
Cuando Apple presentó la demanda a comienzos de julio contra OpenAI, io Products (la compañía de hardware de Jony Ive) y sus dos exempleados —Chang Liu y Tang Tan—, el caso cayó, como ocurre por sorteo en el Distrito Norte de California, en manos de la magistrada Virginia K. DeMarchi.
Una magistrada no es lo mismo que un juez de distrito: solo puede llevar un caso de principio a fin si todas las partes lo consienten por escrito. Si una sola se niega, el caso se reasigna automáticamente a un juez de distrito con autoridad plena. Cada parte tenía que presentar un formulario diciendo si aceptaba o no.
Apple dijo que no
Apple presentó su formulario y, aunque el documento no se hizo público, el resultado no deja dudas: no hubo ninguna otra presentación que explicara lo que pasó después, así que todo apunta a que Apple marcó la casilla de rechazo.
Importante: esto no fue una recusación. Apple no acusó a DeMarchi de parcialidad ni de conflicto de interés —nada que ver con el tono de la demanda original, donde sí se habla de manipulación de empleados y documentos robados—. Fue una jugada procesal pura: al no dar su consentimiento, Apple activó el mecanismo que saca el caso de manos de una magistrada y lo pone en las de un juez con jurisdicción plena e inapelable en ese nivel.
Es una táctica común cuando lo que está en juego pesa: aquí hablamos de secretos comerciales, del futuro del hardware con IA de OpenAI y de un round que recién empieza. Nadie quiere que las decisiones más importantes del litigio queden en manos de alguien cuya autoridad depende de que la otra parte también diga que sí.
El caso ya tiene nuevo árbitro
Con el rechazo de Apple, el caso pasó al juez de distrito Edward Davila, quien llevará el litigio de fondo —incluyendo, eventualmente, si las acusaciones contra Liu y Tan por fuga de documentos y manipulación de candidatos prosperan—. La magistrada Nathanael Cousins se queda con un rol más acotado: supervisar el discovery, es decir, el intercambio de evidencia y las peleas por confidencialidad que vienen ahora, algo que sí puede hacer sin necesidad de que ambas partes lo aprueben.
El cambio también movió el calendario: la audiencia inicial de gestión del caso, programada para el 13 de octubre ante DeMarchi, quedó cancelada y deberá reprogramarse ante Davila. Lo que sí se mantiene: las partes tienen hasta el 22 de septiembre para discutir posibilidades de acuerdo y el plan de intercambio de evidencia, y hasta el 6 de octubre para presentar sus divulgaciones iniciales y un informe conjunto sobre cómo llevarán el caso.
Por qué importa
Todavía no hay veredicto ni fecha de juicio, y el fondo del asunto —si OpenAI usó de forma indebida información de Apple para construir Sweetpea— sigue sin resolverse. Pero el cambio de juez marca quién va a decidir las próximas movidas: mociones para desestimar, peleas por confidencialidad de documentos técnicos y, más adelante, si el caso llega a juicio. Con Davila al mando, el litigio entra a su fase seria.