miércoles, 23 de septiembre de 2026

Beeple convirtió al público y a una IA en parte de la misma obra

La nueva versión de Diffuse Control mezcla obras de museo, inteligencia artificial y las decisiones de los visitantes para crear imágenes que cambian constantemente y cuyo resultado nadie puede decidir por sí solo.

Entrar a un museo suele implicar un acuerdo bastante sencillo: el artista hizo una obra, el museo decidió exhibirla y el visitante llegó para observarla. Beeple decidió alterar esa relación en Diffuse Control, una instalación digital compuesta por doce pantallas sincronizadas donde lo que aparece no depende únicamente de lo que decidió previamente el artista. La obra utiliza inteligencia artificial y permite que los propios visitantes intervengan sobre las imágenes, de manera que el resultado puede cambiar mientras alguien está frente a ella.

Este 19 de septiembre, una nueva versión de la instalación abre en el Madison Museum of Contemporary Art (MMoCA), en Wisconsin, con un ingrediente que la hace diferente de sus exhibiciones anteriores: esta vez utilizará parte de la colección del propio museo como materia prima.

Para esta versión, MMoCA seleccionó 18 obras de su colección permanente, entre ellas grabados japoneses, piezas de artistas estadounidenses y una obra perteneciente a Los Caprichos de Francisco de Goya. Esas imágenes alimentan el sistema creado para Diffuse Control, que incorpora Stable Diffusion junto con software desarrollado específicamente para la instalación.

Beeple establece las reglas bajo las que funciona la pieza y el museo decide parte del material con el que puede trabajar, pero ninguno determina exactamente qué terminará apareciendo en las pantallas. La inteligencia artificial genera variaciones a partir de esos elementos y deja abierta una última parte del proceso creativo: la intervención del público.

Cuando todos quieren controlar la obra

Los visitantes pueden utilizar controles para modificar lo que ven y no necesariamente tienen que hacerlo solos. Varias personas pueden intervenir simultáneamente y, si colaboran, la instalación puede entrar en un modo diseñado precisamente para esa interacción colectiva. La situación se vuelve más interesante cuando ocurre lo contrario: si demasiadas personas intentan imponer decisiones al mismo tiempo, Diffuse Control puede activar un Glitch Mode que introduce deliberadamente distorsiones e inestabilidad visual. El caos, por tanto, no representa una falla del programa, sino una respuesta prevista por el artista y una parte de la experiencia.

Ahí se entiende mejor el nombre de la instalación. El control está distribuido entre Beeple, los curadores que seleccionaron las obras, el software que establece posibilidades, la inteligencia artificial que produce variaciones y las personas que manipulan los controles. Cada uno puede influir en lo que aparece, pero ninguno posee por completo el resultado. La tecnología no funciona simplemente como una herramienta utilizada por Beeple para fabricar imágenes antes de la exposición; permanece activa dentro de la obra y participa en lo que sucede cada vez que alguien interactúa con ella.

Una obra que cambia cuando cambia de museo

Diffuse Control tampoco nació para permanecer idéntica. La instalación apareció originalmente en The Shed, en Nueva York, en 2025 y posteriormente llegó a LACMA. La versión de Madison incorpora una selección diferente de obras y, por lo tanto, modifica también el universo visual con el que puede trabajar el sistema. Trasladarla de un museo a otro no consiste únicamente en transportar doce pantallas y volver a encenderlas: el lugar que recibe la pieza puede cambiar parte de aquello que la pieza es capaz de producir.

Ese mecanismo plantea además una de las preguntas inevitables cuando la inteligencia artificial entra en un museo: de dónde salen las imágenes utilizadas por el modelo. MMoCA señala que el material seleccionado para esta edición pertenece al dominio público o cuenta con autorización de sus titulares. Las imágenes permanecen dentro del sistema local de Diffuse Control y no se incorporan al entrenamiento de un modelo público externo. En lugar de utilizar indiscriminadamente imágenes obtenidas de internet, la instalación trabaja con un conjunto delimitado y seleccionado por el museo.

Entonces, ¿quién hizo lo que estamos viendo?

La respuesta más sencilla sería decir que Beeple es el artista y la IA una de sus herramientas, pero Diffuse Control resulta interesante precisamente porque complica esa relación. Beeple construyó el sistema y estableció sus reglas; los curadores eligieron parte de las imágenes; el modelo genera posibilidades dentro de esos límites y los visitantes alteran el resultado mediante sus decisiones. Incluso otras personas presentes al mismo tiempo pueden cambiar aquello que alguien estaba intentando producir.

La discusión habitual alrededor del arte y la inteligencia artificial suele concentrarse en decidir si una máquina puede ser considerada artista. Diffuse Control permite plantear una pregunta bastante más concreta: qué ocurre con una obra cuando la persona que la creó decide no controlar completamente lo que veremos. En Madison, la respuesta será diferente cada vez que alguien se acerque a las doce pantallas y toque los controles. Y posiblemente ésa sea la parte más interesante de la obra: Beeple creó las reglas, pero no puede saber exactamente qué terminarán creando los demás con ellas.

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