miércoles, 23 de septiembre de 2026

Mark Zuckerberg propone que cualquiera pueda tener y modificar su propia inteligencia artificial

Mark Zuckerberg presentó su visión sobre el futuro de la inteligencia artificial y el papel que tendrán los modelos abiertos. En su documento “El futuro es para todos: el camino hacia un futuro positivo con la IA”, plantea cómo esta tecnología podría transformar la forma en que trabajamos, creamos y desarrollamos nuevas ideas.

Imagina que para usar una computadora tuvieras que pedir permiso a Microsoft o Apple cada vez que quisieras instalar un programa. O que un teléfono sólo pudiera ejecutar las aplicaciones que decidió incluir su fabricante.

Algo parecido está en el centro de una discusión que comienza a dividir a las empresas que desarrollan inteligencia artificial.

El lunes 10 de agosto, Mark Zuckerberg publicó “El futuro es para todos: el camino hacia un futuro positivo con la IA”, un extenso manifiesto en el que explica cómo imagina los próximos años de esta tecnología.

El fundador de Meta habla de empleo, privacidad, regulación, China y hasta de la llegada de sistemas capaces de igualar o superar a los humanos en la mayoría de las tareas cognitivas. Pero hay una idea que atraviesa buena parte del documento: las inteligencias artificiales más avanzadas deberían estar disponibles para que muchas más personas puedan construir cosas con ellas.

¿Qué significa realmente abrir una IA?

La diferencia puede explicarse con algo que millones de personas utilizan todos los días.

Cuando entras a ChatGPT, utilizas la inteligencia artificial que OpenAI pone a tu disposición. Puedes conversar con ella y utilizar sus herramientas, pero el modelo funciona bajo las condiciones y dentro de la infraestructura que establece la compañía.

Con un modelo de pesos abiertos ocurre algo diferente. Un desarrollador puede descargar componentes esenciales del modelo, ejecutarlos en su propia infraestructura y utilizarlos como punto de partida para crear otras herramientas.

Dicho de otra forma: una cosa es poder conducir un automóvil y otra muy distinta tener acceso al motor para modificarlo y construir algo nuevo alrededor de él.

Eso último forma parte del futuro que Zuckerberg quiere para la inteligencia artificial.

Su argumento es que poner estas capacidades al alcance de desarrolladores, emprendedores y pequeñas empresas podría producir una nueva ola de productos y servicios que actualmente ni siquiera imaginamos.

Por eso una de las frases que mejor resume su postura es que “la invención, y no la automatización, será la mayor contribución de la superinteligencia”.

Y esa diferencia entre inventar y automatizar es importante.

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¿Y qué haríamos nosotros con una IA así?

Durante los últimos años, buena parte de la conversación sobre inteligencia artificial y empleo ha girado alrededor de una pregunta: ¿qué trabajos desaparecerán?

El creador de Facebook propone mirar también hacia el otro lado. Su visión parte de una idea optimista: la inteligencia artificial no servirá únicamente para realizar las tareas que actualmente hacemos las personas, sino que podría permitirnos hacer cosas para las que hoy necesitamos conocimientos especializados, grandes cantidades de dinero o equipos completos.

Pensemos en alguien que quiere abrir un pequeño negocio. Actualmente puede necesitar un diseñador para crear su imagen, un programador para construir una página, un contador para organizar sus números, alguien que lleve sus redes sociales y quizá una agencia para promocionarse.

En el futuro que imagina Zuckerberg, esa misma persona podría apoyarse en diferentes inteligencias artificiales para realizar buena parte de esas tareas.

No necesariamente porque hayan desaparecido todas esas profesiones, sino porque habrá aumentado enormemente lo que una sola persona puede hacer.

Un programador podría desarrollar en días algo que actualmente requiere un equipo. Un investigador podría analizar cantidades de información imposibles de revisar por sí solo. Un pequeño estudio podría producir proyectos que hoy necesitan los recursos de una compañía mucho mayor.

Incluso podrían aparecer profesiones que todavía no existen.

Eso es lo que Zuckerberg quiere decir cuando distingue entre automatizar e inventar. Automatizar significa pedirle a una máquina que haga algo que actualmente hacemos nosotros. Inventar significa utilizar esa máquina para hacer algo que antes simplemente no podíamos hacer.

Empresas más pequeñas, personas más capaces

Llevada al extremo, esa idea también podría cambiar lo que entendemos por una empresa.

Si una persona acompañada por varias inteligencias artificiales puede realizar tareas que actualmente necesitan un equipo completo, una compañía del futuro podría requerir muchos menos empleados para alcanzar capacidades que hoy asociamos con organizaciones enormes.

Zuckerberg sostiene que ese aumento de las capacidades individuales podría compensar —e incluso superar— la destrucción de empleos provocada por la automatización, dependiendo de cómo se desarrolle la tecnología.

Su apuesta es que la IA facilite la aparición de más pequeños negocios y permita que individuos y equipos reducidos compitan en terrenos que hoy requieren grandes inversiones.

Eso no significa que todos terminaremos trabajando solos acompañados por un ejército de chatbots. Tampoco que desaparecerán diseñadores, programadores, abogados o contadores.

El manifiesto plantea una posibilidad, no una predicción comprobada.

Pero sí cambia ligeramente una de las preguntas que llevamos años haciéndonos sobre inteligencia artificial.

Quizá no sea solamente “¿qué trabajos va a quitarnos la IA?” También tendremos que preguntarnos “¿qué trabajos podremos hacer gracias a ella que hoy ni siquiera estamos capacitados para intentar?”.

Aquí es donde los modelos abiertos importan

Para Mark Zuckerberg, ese futuro necesita que las herramientas estén disponibles para muchas más personas.

Si los modelos pueden descargarse y adaptarse, desarrolladores y empresas pueden experimentar con ellos y utilizarlos como materia prima para crear productos que sus fabricantes originales quizá nunca imaginaron.

Sin embargo, hay una reserva importante, aunque frecuentemente se habla de estos sistemas como inteligencia artificial de “código abierto”, buena parte de lo que Meta y otras compañías ofrecen son en realidad modelos de pesos abiertos.

No es exactamente lo mismo: Tener acceso a los pesos permite descargar y modificar una parte fundamental del modelo, pero eso no significa necesariamente conocer todos los datos utilizados para entrenarlo, disponer de todo el código o poder reconstruir exactamente cómo fue creado.

Es como si Meta te entregara el motor del automóvil y te permitiera modificarlo, pero no necesariamente los planos del diseño total del automóvil, su mecánica y tecnologías.

Meta también tiene algo que ganar

El manifiesto tampoco aparece de la nada. Meta está invirtiendo miles de millones de dólares en infraestructura de cómputo, contratando investigadores y compitiendo directamente con OpenAI, Anthropic, Google y los grandes laboratorios chinos.

Defender modelos más abiertos también puede beneficiar su posición en esa competencia. Cuantos más desarrolladores y empresas construyan productos alrededor de este tipo de modelos, mayor puede ser el ecosistema tecnológico que se forme a su alrededor.

Por eso el documento puede leerse de dos maneras: como una declaración sobre cómo Mark Zuckerberg piensa que debería desarrollarse la inteligencia artificial y como una estrategia sobre el lugar que Meta quiere ocupar en ese futuro.

Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Tampoco es la primera vez que el CEO de Meta presenta una gran visión sobre el futuro de la tecnología. En 2019 declaró que “el futuro es privado”, una promesa que fue recibida con escepticismo debido al enorme negocio publicitario construido por Meta alrededor de los datos de sus usuarios.

Su nuevo manifiesto vuelve a hacer una apuesta de largo alcance. Sólo que esta vez la pregunta no es únicamente qué hará Meta.

Cuando las inteligencias artificiales sean considerablemente más poderosas que las que utilizamos hoy, ¿podremos descargarlas, modificarlas y utilizarlas para construir nuestras propias herramientas o sólo podremos usarlas de la manera que decidan las compañías que las crearon?

Zuckerberg ya dejó claro de qué lado quiere estar.

Ahora falta descubrir si el futuro termina pareciéndose al que acaba de describir.

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