En 2034 Arabia Saudita quiere llevar la Copa Mundial de Fútbol a nuevas alturas, literalmente. El NEOM Stadium será la pieza de arquitectura y tecnología más avanzada: Un estadio en la cima de un rascacielos a 350 metros sobre el suelo. Y ya ha sido probado antes de ser construido, con un gemelo digital de IA.
Hay estadios que se construyen para que alberguen a la mayor cantidad de fanáticos, y hay un estadio que se está diseñando para que, básicamente, piense. El NEOM Stadium, la joya tecnológica que Arabia Saudita presentó para el Mundial 2034, no es solo una hazaña de ingeniería estructural, es sobre todo un experimento de cuánta inteligencia artificial se le puede meter a un edificio antes de que alguien se pregunte si en realidad estamos construyendo un estadio o entrenando a uno.
Citius, Altius, Fortius, Technologicus
El estadio estará integrado en la parte alta de The Line, la ciudad lineal de 170 kilómetros de largo y hasta 500 metros de altura que Saudi Arabia construye en el golfo de Áqaba como pieza central del megaproyecto NEOM.
El campo de juego quedaría a más de 350 metros sobre el nivel del suelo, superando la altura de la Torre Eiffel, con capacidad para 46,000 espectadores y gradas modulares hechas de polígonos de distintas formas y tamaños, un diseño que ningún estadio construido hasta hoy tiene ni remotamente.
Funcionaría con energía 100% renovable, con acceso exclusivo por transporte eléctrico público o marítimo, y albergaría partidos desde fase de grupos hasta cuartos de final. La construcción está proyectada entre 2027 y 2032.
Dentro del estadio, la apuesta tecnológica se traduce en experiencia de cancha. El plan incluye superficies LED de alta densidad, pantallas inmersivas y redes de conectividad pensadas para transmisión en 4K y 8K hacia audiencias globales, además de sistemas de acústica dinámica que ajustan el sonido según la zona del recinto y el momento del partido.
La capa de realidad aumentada es la que más cambia la experiencia del espectador promedio: apuntando el celular hacia la cancha, la idea es que el hincha pueda ver en tiempo real una superposición con nombres de jugadores, velocidad de carrera y otras métricas físicas, algo que ya se probó en versiones más simples en mundiales recientes y que NEOM plantea llevar un paso más allá.
Ahí entra también la tecnología de repeticiones instantáneas en 3D, la misma familia de sistemas que Intel desarrolló bajo el nombre freeD y que ya se vio en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y en estadios de la NBA: docenas de cámaras rodeando el campo capturan la jugada desde todos los ángulos al mismo tiempo, y el sistema reconstruye la escena como un modelo tridimensional que se puede rotar, congelar y ver desde cualquier posición, incluso desde ángulos donde nunca hubo una cámara física.
La FIFA ya viene empujando esta familia de tecnología en mundiales recientes con los escaneos corporales 3D de cada jugador para crear avatares digitales usados en el offside semiautomatizado, y todo indica que hacia 2034 esta capa de captura volumétrica y pantallas gigantes con repeticiones tridimensionales será estándar en las sedes insignia como NEOM Stadium, aunque el detalle exacto del proveedor todavía no está confirmado oficialmente para esta sede en particular.
En conjunto, se vende como una experiencia «impulsada por IA», donde el procesamiento inteligente de datos reemplaza lo que antes se resolvía con un buen sistema de altavoces, una pantalla gigante plana y binoculares.
Especialistas en ingeniería ya advirtieron que construir a esa altura implica resolver cargas de viento, vibración estructural y asentamiento diferencial en una escala que la industria de la construcción nunca había enfrentado. Nada de esto se resuelve solo con cemento y buena voluntad, y ahí es exactamente donde entra la inteligencia artificial, no como adorno de marketing sino como la herramienta que hace viable, al menos sobre el papel, un proyecto que de otra forma sería puro delirio arquitectónico.
La IA se estrena como arquitecto
El NEOM es solo la joya de la corona de un proyecto mucho más ambicioso: La ciudad lineal llamada «The Line». Este proyecto contempla una ciudad de 170 kilómetros de extensión que cruzará en línea recta el desierto.
The Line se autodefine como la primera «ciudad cognitiva» del mundo, y la base técnica de esa etiqueta es el uso de gemelos digitales, es decir, una réplica virtual completa de la ciudad y del estadio que permite simular comportamiento estructural, flujos de gente, cargas de viento y consumo energético antes de poner un solo ladrillo real. Es, en el fondo, la diferencia entre construir a ciegas y construir habiendo probado el edificio miles de veces en una computadora primero.
Sobre esa misma base de datos se apoyan además varios sistemas pensados para operar la ciudad una vez construida: mantenimiento predictivo de infraestructura, que anticipa fallas antes de que ocurran en vez de esperar a que algo se rompa; optimización de flujo urbano y de transporte, clave en una ciudad de 170 kilómetros donde nadie puede darse el lujo de un embotellamiento; pronóstico de demanda energética, esencial cuando todo el sistema depende de renovables y no de una planta que uno pueda simplemente prender más fuerte; y detección de amenazas de seguridad pública en tiempo real.
El estadio en sí sumaría además realidad aumentada y sistemas de acústica avanzada como parte de la experiencia dentro del recinto, otra capa donde el procesamiento inteligente de datos reemplaza lo que antes se resolvía con altavoces y buena suerte.
AI First… literalmente.
Hay un dato reciente que dice más sobre las prioridades del proyecto que cualquier render: la construcción de The Line se pausó en septiembre de 2025 y el desarrollo se está reorientando hacia usos industriales y energéticos. Como parte de ese giro, NEOM firmó un acuerdo de 5,000 millones de dólares con la empresa DataVolt para construir, en la zona industrial de Oxagon, un centro de datos de IA de cero emisiones netas con 1.5 gigavatios de capacidad, pensado para sostener cómputo de alto rendimiento con energía 100% renovable.
Ese movimiento no es un detalle menor ni un plan B silencioso, es prácticamente una confesión: mientras la ciudad de casas futuristas y estadios suspendidos avanza más lento de lo prometido, la infraestructura de inteligencia artificial detrás de todo el proyecto se está construyendo con más urgencia y más dinero que nunca. Dicho de otro modo, puede que el estadio tarde en tener gente adentro, pero la IA que se supone debía servirle ya tiene su propio edificio, su propio presupuesto y su propia fecha de entrega.
Al final, lo llamativo de NEOM Stadium no es solo que un campo de fútbol vaya a estar más alto que la Torre Eiffel, es que probablemente sea de los primeros estadios del mundo diseñado, simulado, mantenido y hasta parcialmente vigilado por sistemas de inteligencia artificial desde el primer boceto. El folletín futurista puede sonar exagerado, pero la infraestructura de cómputo que lo respalda, esa sí, ya se está construyendo en serio.