En su primera audiencia en tribunales por la demanda entre Open AI y Apple por presunto robo de secretos industriales, la defensa de la empresa cofundada por Sam Altman reiteró que no obtuvo secretos de Apple y señaló que el fondo del litigio es una estrategia de la empresa fundada por Steve Jobs para cubrir su incapacidad de retener talento y su rezago en la carrera de IA.
OpenAI ya no se limita a negar que utilizó secretos de Apple. Ahora sostiene que la demanda en su contra tiene una explicación mucho más incómoda: Apple no ha conseguido mantener el ritmo de sus competidores en inteligencia artificial ni evitar que algunos de sus empleados se marchen a trabajar con ellos.
La acusación aparece en la petición de OpenAI para que un juez federal deseche la demanda que Apple interpuso en julio. Apple sostiene que la compañía de Sam Altman se benefició de información confidencial que obtuvo a través de antiguos empleados para acelerar el desarrollo de sus propios dispositivos. OpenAI niega que haya utilizado esos secretos, pero su nueva defensa intenta darle la vuelta al caso: el problema, asegura, no está en lo que sus nuevos empleados se llevaron, sino en que Apple no consiguió retenerlos.
El cambio de tono es importante. Hasta ahora, la disputa se concentraba principalmente en documentos, procesos de contratación y secretos comerciales. OpenAI lleva ahora la discusión hacia otro terreno y sostiene que la demanda sirve como pretexto para compensar las dificultades de Apple para integrar inteligencia artificial competitiva en sus productos y conservar al talento necesario para desarrollarla.
Dicho fuera del lenguaje jurídico: OpenAI acusa a Apple de intentar resolver con abogados lo que no ha conseguido resolver con inteligencia artificial.
La diferencia entre ambas versiones puede resumirse fácilmente. Apple sostiene que algunos de sus antiguos empleados no se marcharon solamente con la experiencia acumulada durante años de trabajo, sino que conservaron o utilizaron información confidencial que terminó beneficiando a OpenAI. La compañía de Sam Altman responde que Apple intenta utilizar los tribunales para impedir que sus antiguos trabajadores apliquen sus conocimientos en otras empresas.
Será un tribunal quien determine qué ocurrió realmente con esa información. Lo interesante es que el contraataque de OpenAI llega en un momento particularmente incómodo para Apple.
El golpe llega donde más le duele a Apple
La defensa tendría mucha menos fuerza si Apple atravesara uno de sus mejores momentos tecnológicos. Sin embargo, la compañía lleva tiempo bajo presión para demostrar que puede recuperar terreno en una carrera de inteligencia artificial que avanzó mucho más rápido de lo que esperaba.
Siri se convirtió en el ejemplo más visible de esas dificultades. Apple presentó una profunda renovación de su asistente como una de las piezas centrales de Apple Intelligence, pero varias de las capacidades anunciadas sufrieron retrasos. Al mismo tiempo, la compañía recurrió a modelos externos para ofrecer algunas funciones avanzadas de IA.
Por eso la acusación de OpenAI apunta a una herida que ya era pública. No necesita demostrar que Apple “fracasó” en inteligencia artificial para que su argumento resulte incómodo. Los retrasos y dificultades de la compañía ya forman parte de la conversación alrededor de su estrategia tecnológica.
OpenAI propone otra interpretación del conflicto: Apple habría convertido la salida de empleados hacia un competidor en una acusación de robo de secretos para proteger una posición que la inteligencia artificial ha puesto bajo presión.
Eso no significa que OpenAI tenga razón.
Apple no la demandó simplemente por contratar a sus ingenieros. La compañía sostiene que algunos antiguos empleados accedieron, conservaron o utilizaron información confidencial relacionada con productos, procesos de fabricación y proveedores, y que OpenAI se benefició de ese conocimiento. Apple afirma además en su demanda que más de 400 antiguos empleados de la compañía trabajan ahora para OpenAI.
La diferencia resulta fundamental. Una empresa no puede impedir que un ingeniero se lleve consigo todo lo que aprendió durante su carrera, pero sí puede intentar impedir que se lleve documentos y secretos comerciales. El tribunal tendrá que decidir de qué lado de esa frontera se encuentran las acciones que Apple denuncia.
Apple bloquea talento ante incapacidad de retenerlo: OpenAI
Ahí es donde la salida de talento adquiere una dimensión diferente. Apple no está viendo marcharse a algunos de sus ingenieros hacia cualquier compañía, sino hacia una empresa que tiene a Sam Altman el cofundador de la empresa que nos dió ChatGPT, a Jony Ive, el diseñador detrás del cual se encuentran la iMac, el iPod, el iPhone y el iPad, así como miles de millones de dólares intentando descubrir cómo será el hardware de la era de la inteligencia artificial.
Aquí el pleito deja de ser solamente una discusión sobre quién tuvo acceso a determinados archivos. La inteligencia artificial desató una guerra por talento en Silicon Valley y los empleados capaces de construir modelos, chips y nuevos dispositivos se han convertido en uno de los recursos más valiosos de la industria.
La propia demanda de Apple asegura que más de 400 antiguos trabajadores suyos están ahora en OpenAI. Esa cifra no demuestra ninguna conducta indebida, pero ayuda a entender por qué el movimiento de talento ocupa un lugar tan importante en el conflicto.
OpenAI aprovecha ese dato para plantear una historia muy distinta: no necesita robar los secretos de Apple, sostiene su defensa; los empleados de Apple quieren trabajar para OpenAI.
Es una buena línea de defensa ante la opinión pública. Que también resulte efectiva ante un juez es otra cuestión.
OpenAI ya había endurecido públicamente el tono antes de solicitar que la demanda fuera desestimada. La compañía calificó el caso de Apple como “descuidado, agresivo y extrañamente personal” y publicó mensajes y correos electrónicos con los que pretende demostrar que Apple presentó de manera incorrecta algunos acontecimientos relacionados con sus antiguos empleados.
La petición de desestimación lleva el enfrentamiento un paso más allá porque coloca las dificultades de Apple con la inteligencia artificial dentro de la explicación del propio litigio. OpenAI no sólo quiere convencer al tribunal de que no utilizó secretos comerciales; también quiere convencer al público de que Apple tiene razones propias para presentar el caso.
Ahí está el elemento que merece seguimiento. Si Apple demuestra que antiguos empleados entregaron información confidencial a OpenAI, los tropiezos de Siri o la pérdida de ingenieros tendrán poca importancia para determinar si existió apropiación indebida. Pero si OpenAI debilita las pruebas sobre esos secretos, la pregunta sobre qué intenta proteger realmente Apple adquirirá mucho más peso.
Detrás de esta demanda aparece además una pelea que Silicon Valley probablemente repetirá durante los próximos años: cuando una compañía pierde a las personas que construyeron su tecnología y esas mismas personas después crean la de un competidor, ¿dónde termina su experiencia profesional y dónde empiezan los secretos de la empresa que dejaron atrás?
OpenAI ya tiene su respuesta para este caso. El problema, asegura, no es que haya robado los secretos de Apple. El problema es que Apple no ha podido evitar que se vaya su gente ni mantener el paso de la carrera de la IA.