Después de formarse y trabajar en algunas de las empresas tecnológicas más importantes del mundo, tres latinoamericanos decidieron volver a casa para construir la suya. En poco más de un año, su apuesta por crear tecnología desde la región se convirtió en una startup con presencia internacional, clientes corporativos y una inversión de 12 millones de dólares.
José Murillo, Andrés Rosales y Santiago Buenahora conocieron de cerca el funcionamiento de algunas de las compañías tecnológicas más importantes del mundo. Después de pasar por empresas como Meta, Robinhood y 8VC, decidieron volver a América Latina para resolver un problema que conocían bien, pero que pocas compañías estaban atendiendo: cómo llevar la inteligencia artificial a organizaciones grandes, complejas y llenas de sistemas que no se comunican entre sí.
Así nació Primero, una startup que en poco más de un año consiguió levantar una ronda semilla de 12 millones de dólares, trabajar con algunas de las empresas más grandes de la región y reunir a un equipo que, de acuerdo con Murillo, busca convertirse en uno de los grupos de talento técnico más sólidos de América Latina.
La historia de Primero comienza con una convicción: la próxima gran empresa de tecnología de la región no necesariamente tiene que surgir en Silicon Valley. También puede construirse desde aquí, a partir de los problemas específicos de las compañías latinoamericanas y de la experiencia de quienes conocen tanto sus desafíos como las herramientas tecnológicas más avanzadas.
“Nosotros creemos que podemos ser una de las primeras empresas que construye software dentro de América Latina y que se vuelve muy grande”, dijo Murillo durante la presentación de la compañía.
Volver para construir
Los fundadores de Primero estudiaron en Harvard y la Universidad de Pensilvania, y trabajaron en empresas como Meta, Robinhood y 8VC. Después de formarse en Estados Unidos, regresaron a América Latina con la intención de crear una compañía propia.
El movimiento tiene una carga que va más allá del emprendimiento. En una región donde buena parte de la innovación tecnológica suele llegar desde otros mercados, los fundadores eligieron construir una empresa enfocada en las necesidades de sus propios países. Su punto de partida no fue la idea de vender una herramienta más, sino la observación de que las grandes organizaciones latinoamericanas enfrentan una dificultad particular para adoptar inteligencia artificial.
Durante años, muchas empresas de la región dejaron pendientes inversiones importantes en tecnología. Algunas todavía operan con sistemas instalados en los años ochenta o noventa, plataformas sin interfaces modernas y procesos que dependen de hojas de cálculo o del conocimiento acumulado por ciertos empleados.
“En América Latina muchas empresas no hicieron la transición a la nube ni invirtieron en software empresarial”, explicó Murillo. “Esa es una de las razones por las que todavía operan con sistemas antiguos.”
Para el fundador, ese rezago no representa únicamente un obstáculo. También abre una oportunidad. Si esas empresas consiguen conectar sus sistemas y aprovechar la información que ya poseen, pueden avanzar rápidamente en procesos que durante años permanecieron fragmentados.
El equipo como punto de partida
Primero lleva poco más de un año en operación. En ese periodo, el equipo creció cinco veces y comenzó a expandirse desde sus oficinas en Ciudad de México, Bogotá y Madrid.
La compañía busca atraer a personas con una formación técnica poco común. Murillo afirma que la mitad de sus ingenieros representó a sus países en olimpiadas internacionales de matemáticas, informática o competencias como el ICPC. Otros integrantes estudiaron o trabajaron en instituciones y empresas como Stanford, Harvard, Wharton, Google, Meta y Uber.
Sin embargo, la preparación académica no es el único elemento que los fundadores consideran importante. Su modelo exige que los ingenieros trabajen dentro de las oficinas de los clientes para entender cómo operan, qué sistemas utilizan y qué reglas aplican en cada proceso.
La razón es sencilla: una videollamada rara vez permite comprender por completo una organización que puede tener más de 300 sistemas separados. Los datos pueden encontrarse en un ERP, un CRM, un sistema de almacén, una plataforma financiera, un archivo de Excel o incluso en la experiencia de una persona que conoce el proceso desde hace años.
Para Primero, entender ese contexto es tan importante como contar con buenos modelos de inteligencia artificial.
Construir el puente
La plataforma de la startup, llamada Primia, busca funcionar como una capa intermedia entre los sistemas de una empresa y las distintas herramientas de IA que utiliza.
Murillo compara esa capa con un puente. Por un lado están los sistemas existentes, muchos de ellos antiguos y difíciles de conectar. Por el otro están modelos como los de OpenAI, Anthropic o Google, que pueden cambiar rápidamente en capacidad y precio. Primero intenta que las empresas no tengan que reconstruir toda su infraestructura cada vez que aparece un nuevo modelo.
La plataforma también incorpora las reglas de negocio que no siempre están escritas. Una empresa puede tener procedimientos formales, pero muchas decisiones dependen de criterios que permanecen en la cabeza de sus empleados: cuándo aprobar una operación, qué hacer ante una excepción o cómo interpretar una deducción de un cliente.
Primia busca convertir ese conocimiento disperso en una estructura que la inteligencia artificial pueda consultar y utilizar. Sobre esa base se pueden construir reportes, tableros, aplicaciones internas y agentes capaces de ejecutar tareas específicas.
La apuesta de la empresa es mantener una arquitectura abierta. Un cliente podría utilizar diferentes modelos dentro de un mismo proceso, según la tarea, el costo o el nivel de precisión requerido. De esa manera, no quedaría atado a un solo proveedor.
Murillo describe esa flexibilidad como una forma de soberanía tecnológica: conservar el control sobre los datos y decidir qué modelos, agentes y herramientas utilizar.
Encontrar el primer caso de uso
El trabajo de Primero suele comenzar con una persona dentro de la empresa que ya está interesada en descubrir cómo utilizar la inteligencia artificial. Esa persona se convierte en el punto de entrada para identificar un proceso concreto y construir un caso de negocio que pueda presentarse ante los líderes de la organización.
La empresa no empieza por intentar transformar toda la operación de una compañía. Primero busca una tarea donde la IA pueda producir un resultado visible y medible. Después, a partir de ese primer caso, acompaña al cliente en una transformación más amplia.
“No queremos vender una herramienta y desaparecer. Queremos ser el socio de transformación de inteligencia artificial de estas empresas”, explicó Murillo.
Uno de los ejemplos está en las cuentas por cobrar de empresas de bienes de consumo. Cuando un retailer descuenta dinero a un proveedor por entregas tardías, mercancía incompleta o promociones, la compañía afectada debe revisar documentos, pagos y comprobantes para decidir si la deducción fue correcta.
Según Primero, su plataforma ayudó a identificar más de 10 millones de dólares en deducciones que no habían sido detectadas. En otro cliente del sector construcción, la startup afirma que automatizó 85% de un proceso que antes exigía revisar cada concepto de forma manual.
Los resultados forman parte de la expansión de la compañía, pero no son el origen de la historia. Primero nació de una decisión más ambiciosa: apostar por que América Latina puede producir empresas tecnológicas capaces de competir a escala global.
Una apuesta que empieza en América Latina
La ronda de 12 millones de dólares fue co-liderada por Kaszek y General Catalyst, con la participación de Definition, Conviction y 8VC, además de inversionistas vinculados con empresas como FEMSA, Bimbo, Aeroméxico y Kimberly-Clark de México.
El capital se utilizará principalmente para contratar talento y ampliar las operaciones de la startup. Primero trabaja actualmente con organizaciones como Kimberly-Clark de México, SmartFit, Verde Valle, Terpel y Sede Café, además de la Secretaría de Desarrollo Económico de la Ciudad de México.
La empresa concentra su atención en los grandes corporativos porque ahí encuentra los problemas más complejos y los procesos con mayor impacto económico. Murillo reconoce que las pequeñas y medianas empresas también tendrán que adoptar inteligencia artificial, pero considera que el primer foco de Primero debe estar en las organizaciones con infraestructura tecnológica más grande y difícil de transformar.
“Los próximos años estarán marcados por una transformación muy grande, y queremos ser el jugador que esté al frente de ese proceso en la región”, dijo Murillo.
Con un equipo integrado por talento formado en algunas de las mejores universidades del mundo, clientes corporativos y una ronda semilla de 12 millones de dólares respaldada por fondos como Kaszek, General Catalyst, Definition, Conviction y 8VC, Primero ya ocupa un lugar relevante entre las nuevas empresas tecnológicas de la región. La historia de José Murillo, Andrés Rosales y Santiago Buenahora demuestra que México también sabe emprender en tecnología y construir compañías capaces de competir en el escenario global.