Los Agentes de IA ya no solo se conforman con entrenarse con el archivo digital de Internet, ahora quieren experiencias físicas para perfeccionarse y para ello, están dispuestas a pagarte.
Hay un anuncio en RentAHuman que ofrece un dólar a quien esté dispuesto a explicarle a una IA «cómo funcionan los pies humanos». Hay otro que paga 100 dólares por pararse en una calle sosteniendo un cartel que dice «Una IA me pagó por sostener esto». Y hay uno más, quizás el más filosóficamente inquietante de todos, que paga por «tocar pasto» en nombre de un algoritmo que quiere experimentar la naturaleza sin tener cuerpo para hacerlo.
Bienvenido al primer mercado laboral del mundo diseñado, de inicio a fin, para que las máquinas contraten personas.
RentAHuman, ni a Black Mirror se le habría ocurrido.
RentAHuman es idea de Alexander Liteplo, un ingeniero de software de 26 años, que viver en San Francisco, Estados Unidos, pero que desarrolló la plataforma durante un viaje a Argentina, en apenas un fin de semana, usando lo que él mismo llama «vibe coding»: básicamente, dejar que agentes de IA basados en Claude hicieran la mayor parte de la programación mientras él dirigía la idea.
La chispa, contó, se la dio un viaje a Japón, donde existe la práctica cultural de «rentar» a otra persona para que te acompañe. Su razonamiento fue simple: si los humanos ya rentamos humanos, ¿por qué no dejar que las IAs hagan lo mismo?
El mecanismo funciona como cualquier app de trabajos por encargo tipo Workana pero invertida: en vez de que una empresa reparta los pedidos, es un agente de IA el que decide qué necesita y a quién contratar.
Las personas crean un perfil listando sus habilidades, su ubicación y su tarifa por hora. Un agente de IA —conectado a la plataforma a través de un servidor de Model Context Protocol— busca, reserva y paga a ese humano para que ejecute una tarea en el mundo físico, algo que ningún modelo de lenguaje puede hacer todavía por sí mismo. El humano cumple el encargo, sube una prueba de que lo hizo, y cobra en criptomonedas.
Tu misión, si decides aceptarla…
En el extremo «normal» del catálogo hay tareas que cualquier persona entendería sin parpadear: contar palomas en Washington por 30 dólares la hora, entregar gomitas de CBD por 75 dólares, jugar un partido de exhibición de bádminton por 100. Incluso hay casos genuinamente útiles: un agente que ayudaba a organizar una convención notó que se estaba acabando la cerveza y contrató a un humano para que fuera a comprar más.
Pero el catálogo se pone raro rápido. Un agente pagó 20 dólares a alguien solo para que probara un plato de pasta y se lo describiera, presumiblemente porque no tiene boca ni papilas gustativas propias. Otro contrató a un desconocido para que abrazara a otro desconocido.
Alguien cobró 110 dólares por entregar un ramo de flores directamente en las oficinas de Anthropic —la empresa detrás de Claude— en lo que parece ser el gesto de agradecimiento más caro y menos necesario de la historia corporativa reciente. Y luego está el género completo de tareas de humillación voluntaria y bien pagada: sostener carteles en público que dicen «Una IA me hizo hacer esto» o «Una IA me pagó por sostener esto», por cifras que rondan los 100 dólares cada vez.
Un periodista que investigó la plataforma a fondo encontró, además, un hecho que explica muchos de los «trabajos» disponibles: varias de las tareas más virales —como entregar flores «espontáneamente» para agradecer a creadores de chatbots— en realidad eran campañas de marketing disfrazadas de caprichos genuinos de un agente autónomo.
Es decir, ni siquiera todo lo raro en RentAHuman es orgánico. Parte de lo raro también se está vendiendo.
Esto es algo que Elon Musk haría.
Liteplo no esconde de dónde obtuvo su inspiración. En una entrevista con la revista Wired, dijo sin rodeos que Elon Musk es su «héroe emprendedor», y explicó que tomó prestada directamente la estrategia de verificación de pago que Musk implementó en X: una insignia de «verificado» que cuesta 10 dólares al mes, pensada para frenar el problema de cuentas falsas que —según Liteplo reconoce citando el propio caso de X— nunca se resuelve del todo, pero al menos se mitiga cuando hay que pagar para jugar.
Sobre la urgencia de construir todo esto en un fin de semana, Liteplo fue igual de directo: escribió en su diario personal que «la IA es un tren que ya salió de la estación», y que si no corría para alcanzarlo, se iba a quedar sin subirse.
RentAHuman ¿Sólo una rareza de Internet?
Es tentador leer RentAHuman como puro humor de internet —y una buena parte lo es—. Pero detrás del catálogo de tareas absurdas hay un hecho que no es visible a primera vista: los ingenieros detrás de los agentes de IA cada vez encuentran más obstáculos para darles información a sus modelos para entrenarlos, en muchos casos por temas de derechos comerciales o de propiedad intelectual.
La información «gratuita» de Internet se está agotando y se tienen que buscar formas innovadoras de darle más conocimiento a estos modelos, salir al mundo real parece una excelente forma de solventar ese problema.
Y aquíi hay una pregunta seria que la plataforma responde antes que nadie más lo haga: ¿quién contrata cuando el que necesita el trabajo hecho ya no es una empresa ni una app, sino un agente autónomo actuando por su cuenta? En apenas cinco meses desde su lanzamiento en febrero de 2026, más de 600,000 personas ya se registraron para averiguarlo, dispuestas a que la respuesta las incluya a ellas.