jueves, 22 de octubre de 2026

Una IA aprendió griego antiguo para recuperar la memoria de la humanidad

Un modelo especializado en griego antiguo propone cómo completar papiros e inscripciones dañados y ofrece a los investigadores nuevas pistas para estudiar el pasado.

Un nacimiento registrado en el Egipto romano, en el año 149, terminó entre los ejemplos elegidos para presentar una nueva inteligencia artificial. El documento sobrevivió hasta nuestros días con partes de su texto perdidas, y un sistema llamado Apollo propuso cómo completarlas. La escena resume el atractivo del proyecto: detrás de un fragmento deteriorado puede permanecer una historia que todavía resulta difícil leer. Ahora, los especialistas cuentan con una herramienta que sugiere palabras para esos espacios vacíos y les permite explorar otras interpretaciones.

Presentado el 23 de septiembre por la Academia Austríaca de Ciencias, Apollo fue desarrollado con Mistral AI y SAIL Reply, en colaboración con David Smith, de Northeastern University. Su tarea consiste en recibir un texto incompleto en griego antiguo y ofrecer posibles reconstrucciones. Las propuestas pueden aparecer en segundos, aunque corresponde a los investigadores revisar si encajan con la evidencia conservada. El sistema está disponible como una aplicación de acceso gratuito.

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El trabajo que intenta facilitar exige mucho más que reconocer letras. Para completar un documento antiguo, los especialistas estudian su vocabulario, la gramática y las fórmulas utilizadas en escritos semejantes. También consideran las características del objeto y su contexto histórico. Un contrato, una carta o una inscripción pueden ofrecer pistas distintas, y una palabra que parece adecuada a primera vista puede dejar de serlo al compararla con otros documentos. La restauración depende de relacionar esas evidencias y justificar cada propuesta.

Anna Dolganov, historiadora de la antigüedad y especialista en papiros del Instituto Arqueológico Austríaco, dirige el proyecto por parte de la Academia. Su responsabilidad incluye orientar el desarrollo e incorporar las fuentes pertinentes. El equipo reunió alrededor de 600 millones de palabras de griego histórico, junto con decenas de miles de papiros e inscripciones publicados. La escala del desafío es considerable: según la institución, existe aproximadamente un millón de papiros griegos que nunca se han leído, muchos de ellos resguardados en colecciones y bibliotecas.

Una ventaja de Apollo Restore, la versión dedicada a reconstruir textos, es que puede trabajar sin conocer de antemano cuántas letras faltan. Cuando un fragmento se rompe, el espacio perdido también puede impedir calcular la extensión original de una frase. El modelo, adaptado a partir de Mistral Small, utiliza el texto conservado alrededor del hueco para producir alternativas. Así, ofrece a los especialistas varias posibilidades que pueden contrastar con el documento.

Los primeros resultados son prometedores, aunque tienen condiciones específicas. En pruebas con huecos de hasta diez caracteres, Apollo incluyó la reconstrucción correcta entre sus veinte candidatos en el 80.6% de los casos de papiros documentales; el porcentaje fue menor en textos literarios e inscripciones. En una evaluación a ciegas con veinte especialistas, sus propuestas fueron consideradas al menos tan buenas como las reconstrucciones humanas en el 77% de los casos. Esta valoración refleja la calidad de las alternativas, pero no demuestra cuáles eran las palabras originales cuando estas ya desaparecieron.

El estudio también reporta una mejora en la lectura de un papiro de Herculano carbonizado durante la erupción del Vesubio, en el año 79. Allí intervienen tecnologías con funciones diferentes: el despliegue digital permite examinar el interior de los rollos y detectar escritura; Apollo ayuda a reconstruir pasajes incompletos del texto obtenido. La distinción importa porque recuperar la imagen de una letra y proponer una palabra ausente requieren evidencias y métodos diferentes.

El valor de estos documentos también está en los detalles cotidianos. En otra colección estudiada en Berkeley, por ejemplo, se conservan fragmentos de un maestro y escribano llamado Dionysios que registró actividades diarias, incluidos los gastos de comida para sus hijos. Ese tipo de material permite acercarse al pasado a través de personas reconocibles, con necesidades y obligaciones familiares. Una herramienta que facilite estudiar documentos incompletos podría ampliar las oportunidades de encontrar y comprender testimonios semejantes.

La siguiente etapa de Apollo contempla búsquedas temáticas, recuperación de pasajes comparables y trabajo con fuentes latinas. Mientras esas capacidades se desarrollan, su aportación actual consiste en ofrecer reconstrucciones que los especialistas puedan investigar. Cada propuesta abre una posibilidad de lectura; el conocimiento histórico surge cuando esa posibilidad resiste el examen de la evidencia.

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